Canciones asesinas
// November 9th, 2009 // 3 Comments » // Autobiográficos, Filosóficos
Creo que un buen músico (o una buena banda) no se define por el número de notas por segundo que toca, o por los decibeles que pueden dar sus equipos de sonido… Incluso ni siquiera por el número de discos o boletos vendidos.
A mi gusto, una de las cosas más importantes para definir a un buen músico, como artista, es su capacidad de tocar fibras sensibles de quienes lo escuchan, su capacidad de conmover y de hacer que la gente se identifique con aquello que están oyendo.
Eso lo constaté ayer (8 de noviembre, 2009) en el concierto de The Killers. Definitivamente no es una banda de virtuosos, no tienen el espectáculo hiper-producido de KISS o Michael Jackson, no tienen records asombrosos de ventas (al menos no con su último disco) y sin embargo durante el concierto llegaron a tocar mi sensibilidad y provocaron que ahí, en el clímax del concierto, comenzara a llorar.
¿Cómo sucedió esto? Hasta yo me sorprendí, traté de controlarlo primero y de disimularlo después, y simplemente no lo logré.
Comenzó con “Dustland Fairytale”. Es una canción del último disco, con una melodía bonita, pero sobre todo con una historia de romántica de fondo, pues la canción habla de la historia de amor entre los padres de Brandon Flowers, de una manera idealizada, viendo a sus padres como una Cenicienta y un Principe pero de los años 60.
Sin embargo lo conmovedor de la canción es como concluye la canción con el conocimiento de que esta historia contemporánea de hadas terminará por el cáncer en el cerebro que padece su madre.
Con los últimos acordes de esta canción, ligaron un fragmento de “Can’t Help Falling In Love” de Elvis Presley. No dudo que exista alguna referencia a la historia de sus padres y fue muy emocionante escuchar a todo el Palacio de los Deportes cantar esta vieja canción.
Esta canción es también una de las importantes en mis historias. La dediqué a alguien hace varios años ya y fue imposible evitar que mi pensamiento fuera a ella y a esos viejos recuerdos.
En este punto ya se humedecían mis ojos pero era muy controlable y discreto.
Ve el video de una versión de Pearl Jam. Lee la letra.
El quiebre llegó con “Read My Mind” del disco “Sam’s Town”.
Esta canción también es especial dentro de mi imaginario personal por muchas razones, pero la más importante es el fragmento que dice:
I don’t mind, if you don’t mind
Cause I don’t shine if you don’t shine
De algún modo estas palabras me parecen una de las cosas más románticas y sin embargo simples que se le pueden decir a alguien; desde que lo razoné así he querido que alguien que las vea del mismo modo me las diga.
Lo importante es que esas palabras se las había dicho alguna vez a la famosa #Ella de twitter y eran justamente #Ella y su novio quienes estaban parados junto a mí en el concierto.
Ahora #Ella es una de mis más importantes amigas, y me llena de gusto verla tan contenta con su novio —resulta que el tipo incluso me cae muy bien— y he superado todo aquello, sin embargo la acumulación de sentimientos, escenas sacadas de mi memoria, referencias a otras canciones y momentos (no solo con #Ella, sino en general), terminaron por hacer imposible que no llorara, que pudiera disimularlo, pero al final incluso eso disfruté mucho…
Un simple grupo de canciones habían llegado a conmoverme y hacerme sentir muy vivo. Bravo Killers, son grandes.
Continuaron con “When You Were Young”, dejé las lágrimas y canté a todo volumen por el resto del concierto, pero ya había sucedido: El concierto se había convertido en inolvidable.
I wanna breathe that fire again!
Read My Mind – The Killers

Hace casi un año terminé con una niña con la que duré ocho años y medio. En algún momento (mucho tiempo antes de terminar) creí que era el amor de mi vida, pero su desinterés en mí y su escala de prioridades tan distinta a la mía hicieron que yo decidiera terminar de una vez por todas.
Era una diferencia abismal en todo sentido con respecto a la relación anterior. Me daba orgullo entrar a cualquier lugar con ella, teníamos conversaciones muy interesantes, me hacía sentir muy bien.
En esa misma época me crucé con #Ella —como la llamaba en Twitter— un amor platónico de años atrás que parecía que iba a fraguarse en algo real. Una gran amiga que quise convertir en algo más.
Pensaría que si llega la niña correcta esos dos factores desaparecerán instantáneamente, pero se que hoy hay más de una niña maravillosa en el horizonte, que fácilmente podrían interesarme en serio, pero que yo mismo evito dejar que eso suceda.